Diez relatos para Natalia, II: Detroit

El tradicional silencio de la casa se había visto roto por los gritos del pequeño monstruo que acaba de llegar. Su padre lo miraba, entre incómodo y divertido, mientras correteaba junto a la mesa central del salón. Era lo único que tenía claro: el niño viajaría con él: saldrían temprano, cogerían el avión en DetroitSigue leyendo «Diez relatos para Natalia, II: Detroit»

Diez relatos para Natalia, I: Pekín.

El hombrecillo de ojos rasgados hablaba mirando hacia abajo, sin levantar la vista. – Debes estarte quieta, o nos descubrirán. Repetía la frase sin parar y, sentado en el último banco de la hilera situada frente al panel que anunciaba las salidas, comenzaba a asustar a sus compañeros de viaje. Nadie decía nada, pero lasSigue leyendo «Diez relatos para Natalia, I: Pekín.»

Nido de Cuervos (X)

Navarro echaba de menos a su viejo compañero. Hubiera disfrutado de un caso como  aquel, y, además, siempre lograba que aquellos momentos escabrosos tuvieran un punto de diversión. Pero ya estaba retirado del todo y poco podía hacer por él. Esperó apoyado en una de las columnas de la fachada de la Iglesia  a laSigue leyendo «Nido de Cuervos (X)»

Nido de cuervos (IX)

La jueza había dejado el pequeño despacho que tan bien conocía Márquez y ahora le recibía en una moderna instalación, con amplios ventanales que daban al parque. Había cambiado el viejo sofá por uno nuevo, blanco y funcional. Y mucho más incomodo. El viejo comisario se movía incesantemente, buscando la mejor postura sin encontrarla. EnSigue leyendo «Nido de cuervos (IX)»

Nido de cuervos (VIII)

-Internet es una fuente inagotable de sabiduría- decía el joven pelirrojo de la primera fila- He googleado el nombre de Elena Gutierrez. Es curiosa la cantidad de datos y teorías que aún surgen en la red sobre ella. Hay algunas descabelladas, más propias de un manicomio –Márquez afirmó con la cabeza. Durante la investigación recibieronSigue leyendo «Nido de cuervos (VIII)»

Nido de cuervos (VI)

El comisario Márquez estaba apoyado en la pared, en el edificio de enfrente a la iglesia. No puedo evitar mirar el callejón en el que había desaparecido Elena casi dos meses atrás. Luego recorrió la fachada del edificio: era barroca, o eso había oído. Con una gran torre de piedra culminada en un tejado aSigue leyendo «Nido de cuervos (VI)»