La falacia andalusí

Sí, lo sé. Hoy es el Día de Andalucía y lo políticamente correcto es felicitar a los andaluces. Pero no me  sale. Y no me sale porque comienzo a estar muy harto del encorsetamiento y encasillamiento en el que vivimos. Parece que todo tiene que tener una etiqueta que haga fácil distinguirnos a los unos de los otros: andaluces, vascos, gallegos, extemeños; heteros, cis, homo; blanco, negro, chino…. etiquetas que solo marcan las diferencias y nos alejen de la igualdad. 
Con el caso del andalucismo exaltado de hoy (ojito, eso sí, que si sales con una bandera española eres un facha retrogrado y nacionalista) se cae exactamente en eso. Se confunde una unidad administrativa pensada para mejorar la vida de la zona con una nacionalidad a ultranza. Y sientan los pilares de un nacionalismo rancio en la falacia andaluí.
Pero ¿qué es Al-Andalus? Seguramente muchos dirán que ese territorio en el que la población musulmana gobernó entre el 711 y 1492 pero ¿es verdad? Entonces, Al-Andalus debería llegar hasta el Rosellón, ya que fue hasta la marca hispánica hasta dónde llegaron en su conquista (uy, he dicho conquista). O, quizá, solo sea el reino de Granada, cuyas fronteras se mantuvieron estables entre 1280 (aprox.) y 1482. Pero, entonces, ¿qué pintan Cádiz, Sevilla, Huelva y Córdoba en Al-Andalus?

Yo he nacido en Cádiz y, por tanto, soy andaluz, pero la «Andalucía» que defiendo es la aperturista, la cultural; la tierra de emigrantes e inmigrantes; la que se conforma (de formarse y no de aguantarse) con las riquezas culturales aportadas por otros y por una mima; la que sabe mantener su pasado en sus comidas, en sus hábitos y sus tradiciones enriqueciéndolas con las nuevas costumbres. La que no mira al otro como un diferente, sino que disuelve los guetos en la mezcolanza. 

La Andalucía que es rica en cultura sin cerrar puertas, desde el universal Velázquez hasta el poeta neoyorquino de Lorca. La que es capaz de crear y regalar al mundo; la que no se hace excluyente. 
Esa es mi Andalucía: una tierra sin fronteras ni banderas que más que un sentimiento es una forma de vida. Y es que no debemos olvidar nunca que las tierras y banderas son el paso previo a las fronteras. Y el que avisa no es traidor. Ya hay grupúsculos que hablan de los Países andaluces mientras que intentan resurgir los partidos nacionalistas andaluces. Tiempo al tiempo.
Por cierto Al-Andalus significa «Tierra de vándalos»

Publicado por Javi Fornell

Historiador y novelista. Amante de las letras y de los libros. Bibliotecario por vocación. Redactor en Toppercan

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