Tú no eres de Cádi’ ni na’

Esto que voy a decir no es muy usual en mi tierra. Pero es mi realidad, única e intransferible. Soy gaditano, sí. He nacido en esta tierra y la amo como pocos. Me gusta su historia, su cultura y su gastronomía. Su mar y su monte, su bahía y su provincia. Hasta soy cadista de corazón y carnet: pero no me gusta el carnaval. No, al menos, el que ahora vivimos.

Me gustaba cuando íbamos a escuchar coplas, sabiendo que estos tres días eran los únicos en los que podríamos hacerlo. Me gustaba cuando el Carnaval era Carnaval y no una especie de cáncer que se ramifica por el día a día de mi ciudad hasta cubrirlo todo. Desde batallas de coplas en agosto, hasta el carnaval de julio, pasando por festivales de jazz carnavalesco. Que hay una boda, carnaval. Que hay una fiesta: carnaval. Que toca flamenco, seguro que algún carnavalero sabe cantar y aunque sea buen cantaor sacamos su lado comparsista.
Por eso, este año, decidí que solo saldría en carnavales si el trabajo me empujaba a ello. Pero el devenir de los días, y mi hartura por un concurso que había comenzado con el árbol de Navidad aun puesto, han hecho que diga no. Este año no he visto nada, ni el cuarteto del Gago (el único que aun guarda un recuerdo de lo que debería ser un cuarteto), ni la chirigota del Selu (donde sale un amigo), ni el coro de Julio Pardo (al que le tengo aprecio por haber sido los cabrones).

Nada de nada. Y, oye, no me pesa. Puedo decir sin miedo que he sobrevivido sin carnavales y sin detener mi vida ni un solo día por ello. Y aunque eso me haya válido más de un «tú no eres de Cádi’ ni na» sé de sobra que el gaditano de verdad no es el que se desgañita cantando en el Falla las grandezas de una ciudad en decadencia; ni el que sale a la calle a disfrutar, destrozando el patrimonio de la ciudad; sé que tampoco es más gaditano el que disfruta sanamente de esta fiesta.

Ser gaditano es mucho más. Es saber sobreponerse a todo con buen talante, lanzarse adelante y luchar por lo que se cree. No es cantar loas a la ciudad, sino luchar por ella; para volver a colocarla dónde debería estar.

Quizá, lo que me pase, es que me duele y mucho Cádiz. Me duele ver como gran parte de nuestra energía, dinero e ingenio se va al Carnaval mientras se ataca al turismo sin darse cuenta de que si nuestro carnaval es conocido y da dinero (sí, y mucho, en todos esos bolos que luego se dan por media España) es gracias al turista que ha venido y se ha enamorado del carnaval.

O, tal vez y simplemente, yo no soy de Cádiz.

Publicado por Javi Fornell

Historiador y novelista. Amante de las letras y de los libros. Bibliotecario por vocación. Redactor en Toppercan

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