el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tu mirada luminosa.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja.
Puede que no vengan hasta mí como eran. Pero ahora son míos. Sus versos se transforman en mi mente hasta llevarme a otro lugar. A un rostro tan cercano como lejano, que nubla mi vista y mi ser. Que transforma, como el sol en el horizonte, mi vida. Llenándola de colores pardos que cambian a cada instante, a su antojo. Y, a la vez, al mío, que se deja hacer sin necesidad de bañarse en esos oscuros remansos que se alejan sin irse. Que se alejan sin haber estado.
Y la sonrisa de mis labios, asciende hasta mis ojos. Y lanzó una mirada a la mujer del banco, sin ver que quién se sienta también siente en su corazón la sinrazón que atenaza al mío, sumergida en otros ojos, en otros mares más bravos. Y es que el sol, y el corazón, nublan la razón del más cuerdo de los locos y hasta del más loco de los cuerdos.
pd. Para la mujer del banco: ¿Ves? No puede ser, si escribo a mano no es lo mismo… al final acabo en otro lado. Pero lo prometido es deuda, el jueves lo tendrás….
Señor compañero y amigo, por este blog cada vez veo más poesía. Claro está, entre algún que otro combate a muerte de manos de demonios, vampiros, licántropos y, extraños profesores de historia.Un abrazo,Eduardo Flores.
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¿poesia?… donde tendré que quitarlar…. No soy poeta, ya lo sabes, eso es demasiado para mi. Pero bueno, tengo alma de vampiro viejo, que se le va hacer.
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